viernes, 17 de julio de 2015

Hitler, los alemanes, y la solución final - Ian Kershaw



El odio fue lo que construyó el camino hacia Auschwitz. Y la indiferencia lo que lo pavimentó.
Ian Kershaw

 
Ian Kershaw (Oldham, 1943) es un historiador británico especializado en la Historia del Tercer Reich, fundamentalmente conocido por su brillante biografía de Hitler y otros estudios en torno al nazismo. En Hitler, los alemanes y la solución final (la Esfera de los libros, 2008) Kershaw recopila 14 ensayos divididos en tres grandes bloques, fruto de sus investigaciones de toda una vida, en relación a la gestación, responsabilidad y análisis histórico del Holocausto.

  - En el Primer Bloque “Hitler y la solución final”, Kershaw se propone clarificar el papel de Hitler en todo el entramado nazi. Destacable es la dificultad de comparar el papel jugado en las dictaduras soviética y nazi, los totalitarismos por antonomasia, por sus respectivos dictadores.

Stalin era un dictador altamente intervencionista, al contrario que Hitler, cuyas directivas eran esporádicas, verbales, transmitidas por Lammers o durante la guerra por Bormann (67). A diferencia de Stalin, Hitler fomenta el dualismo Partido- Estado. Asimismo, el régimen soviético, a pesar de su brutalidad, perseguía objetivos racionales, mientras que los de Hitler se basaban en una quimera racial. Estas cuestiones, amén de otras, explican la dificultad de clarificar el posible o natural sucesor de Hitler. En cierto modo, las tendencias suicidas de Hitler imposibilitaban que su régimen pudiera sobrevivirle y reproducirse

Esta particular forma de organización la enmarca Kershaw en los postulados del politólogo alemán Max Weber (1864-1920) de “autoridad carismática”, que hará que los respectivos subordinados a Hitler tomen la iniciativa en sus actuaciones, bajo la batuta de “trabajar para el Führer”. Así, la orden de la Solución Final vendrá de Berlín, pero la planificación e iniciativa, será local. De ello resulta pues, la imposibilidad de buscar una orden concreta: la política de exterminio se gestará a lo largo de un año, en la que Hitler sin duda jugó un papel decisivo. La famosa “Profecía” del 30 de enero de 1939 (que se repetirá erróneamente con fecha de 1 de septiembre de 1939), junto con la anterior premisa de “trabajar para el Führer”, actuará de catalizador. Hans Frank, ya el 16 de diciembre de 1941, afirmará que la guerra ha llegado, y con ello la aniquilación judía

  - El Segundo Bloque trata de esclarecer el papel jugado por la sociedad alemana. Afirma Kershaw que la mayoría de los alemanes no eran ni nazis confesos ni antifascistas convencidos. El miedo al bolchevismo y la falta de educación política bastaba para apuntalar al régimen; la indiferencia es el papel dominante. Por ejemplo, en relación a la noche de los cristales rotos, deja claro que fue orquestado por el Partido; los alemanes “no organizados” que supuestamente habían provocado el acto, no supieron de éste hasta la mañana siguiente. Según Michael Müller- Claudius, un 5% aprobó el pogromo, un 63% lo rechazó, y a un 32% le pareció indiferente. (301) El rechazo social a tales manifestaciones, fue el causante que Hitler prohibiera que los judíos alemanes llevaran la estrella. Hitler era antisemita, sí, pero también lo bastante astuto como para saber cuándo convenía aparcar estos sentimientos. De ahí que, tras el atentado contra Hitler en noviembre de 1939, Hess prohibiera expresamente la repetición del pogromo. Los nazis no habían conseguido convertir el odio estático en odio dinámico. Esta posición cautelosa del régimen, respecto al tema judío, llevara a alemanes corrientes a soltar perlas como “Hitler quiere que los judíos desaparezcan, pero no quiere que los maten a palos ni los traten así” (314). Al comienzo de la guerra, las preocupaciones diarias de los bombardeos o el frente, amén de los frutos de la propaganda nazi, gestarán un cóctel de indiferencia total respecto al destino judío. Si, pese a todo, el antisemitismo pudo tener un papel integrador, el apoyo popular se basó en fórmulas que no tenían nada o poco que ver con el antisemitismo: la creación de una “Volkesgemeinschaft” (comunidad popular)

Me parece muy destacable, en línea con tónica de indiferencia social, el apunte sobre la interrupción del programa de eutanasia. El malestar social provocado por el mismo no se basó únicamente ni principalmente en razones humanitarias, sino en dudas legales y en el temor a posibles sanciones. La conocida protesta del obispo Von Galen fue realizada en agosto de 1941, cuando el programa ya llevaba 2 años en funcionamiento, los asesinatos continuaron en la misma Alemania y más intensamente en los países ocupados. La “interrupción” de programa no fue más que un rumor puesto en circulación por Goebbels, el cual aducía que el Führer había tomado conocimiento de lo que ocurría, y había ordenado su inmediato cese (235, nota 3)
  
  - El Tercer Bloque es dedicado al papel de la solución final en la historiografía. Tras esbozar en términos generales la distintas opiniones y criticar las tesis de Goldhagen (como no podría ser de otra forma), Kershaw apuesta por un desarrollo gradual de la Solución final, basado en la aprobación y sanción por parte de Hitler en las fases de intensificación del asesinato de los judíos. Se sitúan como más importantes: 
  • Primavera de 1941 (planificación de Barbarroja)
  • Verano de 1941 (genocidio a gran escala en la Unión Soviética)
  • Otoño de 1941 (deportación de judíos del Reich, Bohemia y Moravia al Este)
  • Diciembre de 1941 (entrada de EEUU en guerra)
  • Primavera de 1942 (surgimiento de un programa coordinado de exterminio)

Como conclusión final, pues, el papel jugado por la sociedad alemana no se basó en un antisemitismo latente, ni en la banalidad del mal, ni en la motivación individual. Fue porque la idea de limpieza racial, el núcleo del concepto de la salvación nacional, había quedado institucionalizado, a través del liderazgo de Hitler, en todos los aspectos de la vida. Igualmente, si con frecuencia se ha achacado que la violencia nazi se diese en un estado moderno (como si algo así sólo fuese propio de estados primitivos), no hay que olvidar que la violencia nazi fue así, precisamente, porque fue moderna: ingenieros, académicos y profesionales pusieron su ingenio al servicio de la causa real de la violencia y del asesinato